El virus que sentencia al modelo

Por Felipe Orellana, Geólogo, Magíster en Ciencias, Mención Geología. / Columna publicada originalmente en portal Chile Científico.

Ni conspiraciones ni guerras bacteriológicas. La evidencia respalda que el SARS-CoV-2 no es un arma construida en un laboratorio, ni un virus manipulado artificialmente [1], pero si es responsabilidad de los humanos, especialmente por la Crisis Climática que hemos generado.

Mientras nuestra especie vive su propio caos, la Tierra está teniendo un respiro. Según el Centre for Research on Energy and Clean Air, entre el 3 de febrero y el 1 de marzo, debido a las medidas de confinamiento, las emisiones de CO2 en el mundo disminuyeron al menos un 25% (algo así como el 2,5% de la producción anual de Chile [2], o el 0,03 la producción anual de EEUU [3], el equivalente a 200 millones de toneladas de CO2eq [4]). Sumado a la reducción de emisiones podemos constatar la recuperación de las aguas y vida silvestre en los canales de Venecia, Italia [5] o el Monopallooza en Lopburi, Tailandia [6].

Este verdadero respiro del planeta es mucho más de lo que ha podido conseguir la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) que en sus sucesivas COP han suscrito compromisos que, la verdad siempre fueron exentos de verdaderos sacrificios. Sobre todo por parte de los países que más Gases de Efecto Invernadero emiten, y que hoy son los más afectados por la pandemia. 

En palabras de Maisa Rojas, climatóloga de la Universidad de Chile y quien lidera el comité científico de la COP-25 para Chile: “Todas las COP han sido un fracaso”[7].

Pero, más allá de los señalado anteriormente, ¿se puede afirmar que la pandemia es una de las consecuencias que hoy estamos sufriendo ante el avance de la emergencia climática y la falta de voluntad para combatirla? Tal vez sea muy apresurado hacer tal aseveración, pero existe evidencia para respaldar que la depredación indiscriminada de recursos y territorio – es decir cambios antrópicos asociados al desarrollo humano – facilitan la propagación de nuevas enfermedades.

El impacto humano

La experta en murciélagos, Kate Jones, profesora titular de Ecología y Biodiversidad en UCL, y su equipo de investigadores, identificaron 335 enfermedades surgidas entre 1960 y 2004, de las cuales el 60% provenían de animales y estarían relacionadas con los cambios ambientales y el comportamiento humano [8].

Las personas se están acercando a otras especies como nunca antes y están habitando entornos que las exponen. Thomas Gillespie, profesor asociado en el Departamento de Ciencias Ambientales en Emory University, Atlanta, sostiene que “los grandes cambios en el paisaje están causando que los animales pierdan hábitats, lo que significa que las especies se apiñan y también entren en mayor contacto con los humanos. Las especies que sobreviven al cambio ahora se mueven y se mezclan con diferentes animales y con humanos » [8].

En la misma línea Richard Ostfeld, científico senior en el Instituto Cary de Estudios de Ecosistemas en Millbrook, Nueva York sostiene que «existe una interpretación errónea entre los científicos y el público de que los ecosistemas naturales son la fuente de amenazas para nosotros mismos. Es un error. La naturaleza plantea amenazas, es cierto, pero son las actividades humanas las que causan el daño real. Los riesgos para la salud en un entorno natural pueden empeorar mucho cuando interferimos con él. Cuanto más perturbamos los bosques y los hábitats, más peligro corremos” [8].

Según lo anterior, pareciera ser que desde que industrializamos el desarrollo, sobre todo en los últimos siglos, podría estar aumentando proporcionalmente las probabilidades de transmitir enfermedades de origen animal. Gobiernos como el nuestro, y de varias partes del mundo, que anteponen el crecimiento económico a toda variable ética, de responsabilidad social y de sostenibilidad, han quedado pasmados ante la propagación de un virus como el SARS-CoV-2, y se han visto obligados a pensar la forma de encontrar un equilibrio real entre estas variables.

El caso de Wuhan

El mejor ejemplo es el caso de Wuhan, cuna del COVID19, y su “Wet Market” (mercado de productos frescos) donde se vendían numerosos animales salvajes – cachorros de lobo vivos, salamandras, cocodrilos, escorpiones, ratas, ardillas, zorros, tortugas, entre otros – que eran sacrificados, desmenuzados y vendidos en el acto [8]Una publicación científica del 2007 ya advertía que la costumbre del comercio y consumo de animales exóticos, en condiciones de hacinamiento, aumenta el riesgo del traspaso de virus hacia humanos, identificando a la fecha al menos 36 cepas del virus y todas originadas en animales [9].

Sin embargo, y como señala Delia Grace, epidemióloga y veterinaria del Instituto Internacional de Investigación Ganadera, con sede en Nairobi, Kenia “Estos mercados son fuentes esenciales de alimentos para cientos de millones de personas pobres y deshacerse de ellos es imposible” [8], es decir que la pobreza, sin voluntad de solución bajo el modelo de desarrollo en gran parte del mundo, provoca la existencia de estos mercados dejando atada la posibilidad de erradicarlos de manera inmediata.

En síntesis, sí existe evidencia que demuestra que la propagación del virus – y otros que puedan venir en el futuro – tiene directa relación con nuestro modelo de desarrollo actual, que sigue perpetuando desigualdades sociales junto a una crisis climática totalmente desatendida por las y los líderes del mundo.

Tal vez sea tiempo de pensar nuevas alternativas, en donde la variable económica sea una más y no la más relevante, en donde podamos poner en práctica la protección de nuestros recursos naturales y que el desarrollo nacional y mundial ponga en el centro al cuidado del medio ambiente protegido de intereses económicos y que el entorno que nos rodea sea el reflejo de la dignidad de nuestras personas.

Referencias:

  1. https://www.nature.com/articles/s41591-020-0820-9?fbclid=IwAR3Y872amK-9phRHLOGJXq_LPIe9SVo62afGWAEPz_EwtB4SIoM_WK6Z3tE

2. https://datos.bancomundial.org/indicator/EN.ATM.CO2E.KT]

3. https://www.statista.com/statistics/205966/world-carbon-dioxide-emissions-by-region/

4. https://energyandcleanair.org/

5. https://www.theguardian.com/environment/2020/mar/20/nature-is-taking-back-venice-wildlife-returns-to-tourist-free-city

6. https://www.mcduffieprogress.com/news/national/monkeys-stampede-through-street-combined-version/video_1970d139-78d1-51e7-93ee-b003bb2af267.html

7. https://www.americaeconomia.com/politica-sociedad/politica/maisa-rojas-climatologa-llevamos-30-anos-negociando-y-no-hay-grandes

8. https://www.theguardian.com/environment/2020/mar/18/tip-of-the-iceberg-is-our-destruction-of-nature-responsible-for-covid-19-aoe

9.  Vincent C. C. Cheng et al. Severe Acute Respiratory Syndrome Coronavirus as an Agent of Emerging and Reemerging Infection, Clin Microbiol Rev. 2007 Oct; 20(4): 660–694.

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